2 de octubre de 2015

Infierno compartido




Por más rápido que corramos, no podremos escapar de nosotros mismos, de quienes somos y
hacia dónde vamos. Sabemos cómo encontrarnos con nuestro pasado, pero huimos diariamente de nuestro futuro, imaginando que no vivimos en el presente y que no respiramos aire puro sino desechos que viajan sin rumbo fijo.

Cuando empezamos a caminar sin afanes y sin despistar, vemos que nuestros sentidos ya no están completos, nos hace falta el hablar, el arcoíris brilla en mil colores, el cielo se despeja a nuestro favor, la mente se renueva y todo tiene solución, pero… cuando pasa lo contrario y dejamos que el afán se adueñe de nosotros, es ahí donde sentimos las llamas del infierno.


¿Quién dijo que no existe el infierno? Si existe, y lo compartimos. Todos pisamos la misma tierra, respiramos el mismo aire, tenemos el mismo corazón y por lo tanto sentimos lo que sienten los demás, no estamos solos, lo que yo diga o haga les va a afectar, de una manera u otra. Nosotros somos influencia, a corta o larga distancia habrá alguien que siente o pasa por lo mismo que pasamos nosotros y aunque parezca que no, vivimos en el mismo infierno, pero perseguidos por distintos demonios, ese demonio que nos sonríe al espejo cada mañana.


También puedes leer >> Mi preocupación son ellos



















Imagen.
https://encrypted-tbn2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSQmQO4iufUxg_SCcmRDtD2v-YGfPZ-CZIOsajWzejR3NMMXlJXWQ