7 de octubre de 2015

¡Miserable!



Lo sé, he tratado de convivir con esto, he tratado de dar la espalda y continuar mi camino como nada. Nada soy, ya no quiero convivir con esto. ¡Miserable! Eso soy, un desdichado miserable, que no comprende que los sentimientos no se pueden regalar, que no son para mostrar, que se deben guardar como un tesoro, enterrarlos en una isla desierto y luego hundirse en el mar, y no dejar rastros como individuo poseedor.

Soy un miserable, que no entiende que el mal está por encima del bien, que los buenos nunca ganamos, que los villanos son más. Quiero comprender al mundo, pero el mundo no me comprende a mí. No saben quién soy, solo fingen conocerme. Odio la realidad, la superioridad, odio las sonrisas y el hablar honesto de quienes dicen ser correctos, me odio a mí, que cree poder brindar amor y dar esperanzas como si fuera un dios.

¡Maldito miserable! Mil veces miserable, que no he aprendido que el ignorar está acabando conmigo. Hablo y hablo, sosteniendo mi ego, humillado por terceros y desamparado por quienes quiero. No debería querer a nadie, ¿para qué querer? Está sobrevalorado, nadie quiere, solo ambicionan; objetos, personas, sentimientos, sueños… yo soy el malo ahora, y extrañaran mi buen corazón.

Lo sé, no podré convivir con esto, he tratado, pero ya no tengo paciencia, ni soy paciente, en otras palabras… ¡ya todo me vale mierda!


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