19 de enero de 2016

El adiós del corazón



Los años llegan y no llegan solos, traen consigo frustración, riquezas, verdades y muchas mentiras para poder sobrevivir a otro más. Esa sensación de no querer seguir creciendo invade nuestras vidas al saber que todo es diferente, a veces lo dulce no puede seguir con nosotros, debemos abandonar tantas cosas para poder madurar, dejar de ser un niño fluctuante y convertirse en un hombre sólido.



Los juguetes y sueños de ir a la luna se cambian por propósitos en cada año y por facturas que cancelar cada mes, quizás muchos no comprenden que es necesario dejar lo dulce y ponerle algo de ácido a nuestra vida. El dejar el pasado en su lugar y no tratar de controlarlo para afirmar el futuro, debemos tener visión y eso implica una planificación de lo que somos y de quienes queremos ser, abandonar ese primer nivel de imaginación y avanzar a uno con más dificultad, uno que nos ayude a moldear nuestro ser y nuestro estar.

Duele dejar cosas bonitas, cosas buenas, que nos han servido mucho y que nos han dejado demasiado, pero todo tiene su fin, nada es para siempre, por eso existe la muerte.

Que duro es ser como este personaje producto de la imaginación de esta niña, él ha comprendido que no hace parte de su presente y que por el futuro de ella, él debe morir, sacrificarse para que ella pueda construir una vida, ya no como una niña, sino como una mujer. Tú y yo somos ese personaje y debemos dejar morir a nuestro pasado, para que el presente sea el puente a nuestro futuro, es doloroso el proceso, pero es necesario.


Es necesario y valido llorar a grito herido para poder disfrutar de un porvenir prometedor.  Adiós mi buen amigo, que me has enseñado tanto, adiós infancia.






Imagen.
https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/4b/06/f5/4b06f553cdf2bb0ca32fef9f8bc9b984.gif