6 de abril de 2015

En el profundo mar



“De repente tus  pies se humedecen, pero no tienes miedo ya has pasado por eso. El sol sigue brillando como siempre y el canto de las aves siembra un ambiente de armonía y paz, nada malo podría suceder, el día es perfecto.
El agua avanza hasta tus rodillas, pero es normal, ya estás acostumbrado a sentir el frío del agua en esa parte de tu cuerpo.  Te pesan los pies y es más difícil el caminar. Nada te detiene piensas que nada malo podría pasar, no hay indicios de lo contrario.
Al abrir tus ojos, te das cuenta que ya el agua esta sobre tus hombros y piensas poder nadar, pero ya es tarde, te encuentras en el mar. Te ha hundido
y crees que no puedes escapar, vas cayendo a lo profundo lentamente y hasta dejas de respirar.
Nada parece mejorar, sueltas tus manos y empiezas a nadar en medio de ese inmenso mar, el cual creía que te ahogaría, pero no lo logró. Ahora eres parte de él y lo convertiste en tu hogar”

Aun en medio de la circunstancia más difícil debemos aprender a seguir viviendo sobre ella. Que nada detenga tu respirar, que nada interrumpa tu vida al caminar, que el pasado quede atrás y si de repente te encuentras en medio del mar, pues disfrútalo y nada sin parar, se parte de él y veraz que ya una amenaza no será.

Como la lluvia que cae sin avisar, sal y disfrútala, no te quejes nada más.