1 de febrero de 2015

La importancia de analizar y aceptar mi posición.



Era como una conexión mágica, nos vimos, nos amamos. Desperté y ya no estabas, ni tu foto, ni tu mirada. Caí, no fui fuerte, no lo suficiente, no como pretendía serlo. No entendí, así que me puse a leer una y otra vez tus mensaje; te quiero, eres especial, tú y solo tú. Me confundí. ¿Por qué rayos me decías eso? si no querías nada conmigo… ¿por qué rayos dejaste que te siguiera el juego? ¿Por qué dejaste que me ilusionara? ¿Qué rayos pretendías?  ¡Dímelo! Carajo…te dije que hasta lloré por ti, cuando con palabras suaves me decías que yo era el segundo plato, aun así trate de estar ahí, esperando a que te decidieras por mí. Un don nadie que
apenas conocías, no podría pretender que cambias años por días.

¿Fingías? ¿Por qué? ¿Me puedes responder? No, no creo que lo puedas hacer, no tienes corazón. Me ilusione contigo, creí cada una de tus palabras… ¡maldición! Que idiota fui. Ese beso, fue tan real para mí, tus manos... Tus manos las sentí mías. Jamás debí escribirte, jamás debí escuchar tu oferta. Con dos palabras me enamoraste. Y al final fuiste un desastre, mas desastre fui yo, yo al tratar de comprenderte y creer que podrías olvidar cinco años, en que rayos estaba yo pensando cuando te dije: te esperaré.

Hoy te doy la razón, soy un lento. Por no haber captado tu rechazo desde aquel encuentro. Y no buscabas belleza, pero de una belleza estabas enamorada. Hasta me decías de cariño (risa de decepción) mejor ni lo quiero recordar, al menos hice que me llamarás por mi nombre para no sentirme especial cuando me llamabas… en fin, no quiero analizar la situacion, vivir un secuestro hubiese sido mejor.


Ya vez que si es importante ser bello, tú me lo enseñaste.